
!Vaya, vaya¡, ¿Quién lo diría? lo que antes veía como rival en potencia, después de un leve razonar, te veo en pañales, colega, tendrás la gloria hoy, pero, ¿sabias que los tiempos cambian?, que ¿las cosas nunca son perpetuas?. Hasta el oro se desmorona y las plumas del quetzal se desgarran y yo , caballero jaguar, yo cristo el bastardo, yo el guardián y yo Mateo Oquendo !El mejor espadachín de toda Nueva España¡ le reto a un cruce de estas aunque te diré que justo no soy y tengo triquiñuelas bajo la manga, porto entre mis vestidos una coraza que reduce el daño de tu estoque en mi, mangas de acero porto en mis brazos para bloquear tus embestidas y con una daga atravesar tus entrañas y retorcerlo en la herida, pero por decencia a mi dama te dejare vivir, ya tendré mejores planes para ti luego.Te haré deberme tu existencia, y gratitud me darás me engrandecerás humillándote a mis pies como lacayo de sangre mezclada que eres, !yo grande peninsular, Marquez de una tierra sin nombre¡ tendré el placer de darle una vana meta a tu existencia y tu el honor de servirme como fuente para mi domina que espera con ansias su precioso vino que trae consigo la vida misma y a ti te ofreceré a esa diosa de si misma, mientras disfruto de su compañia fungiendo de consejo para ella junto con otros dos y nosotros tres, caballeros de brillante armadura, poseemos tres colores, uno por cada cual, yo tengo en mi poder el yelmo y cota de malla negras como la noche el uno y el otro a mis costados el rojo carmino y el azul del mar profundo, uno desaparece a sus vastagos en el fuego del mismo centro de dante, el otro las avandona a su suerte en el lecho marino y yo dejo mis vastagos en la penumbra de la luna llena

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