Yendo yo dentro del carruaje que porta en sus puertas los vanos y gloriosos escudos familiares, daba un paseo vespertino por las calles del centro de la ciudad.
Pasando por la calle de la condesa, un gracioso bufon me invito a mi y a mi padre a entrar a un festival que se estaba llevando a cabo en el vecino palacio.
Mi padre, que gusta de conducir a los caballos, eligió una plaza conocida para dejar nuestro vehículo, caminamos brevemente hasta dar con el sitio indicado, una bella alfombra color carmín ansiosa de sentir las suelas de nuestras botas y el rosar de nuestras capas.
Una vez dentro, subimos las escalinatas para observar desde la segunda planta al mar de gentes alli acumuladas y que decir de los salones, abarrotados de payasos, trovadores, poetas, principados y mas clases que no vale la pena mencionar.
Elegimos como primera visita un salon pequeño y acogedor en el cual dos poetisas se turnaban para declamar sus execrables poemas de los cuales se percibia mas forma que fondo y un dialogo mas hipocrita que ningun otro que yo haya escuchado hasta hoy. Una pregunta tengo,! Si es que asi me lo permite usted, bella dama--dijo un joven-- la señorita solo asintio -- Que es aquello que le ha llevado a escribir o mejor dicho, por que comenzó usted a escribir?-- la verdad un tanto por gusto, otro mucho por necesidad, cabe señalar que la audiencia alli reunida era de lo mas variada y tenia damas interesadas en lo que se pudiera alli decir, como caballeros despreocupados y durmiendo a pierna suelta sentados en sus banquillos.
Pasado el tiempo, la amable obscuridad que tanto me agrada, nos envolvio en sus acogedoras garras
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